
Hay etapas en la vida donde una mujer ya no compite con nadie, porque aprendió a brillar con luz propia. Es bella, coqueta, alegre, fuerte y, aunque a veces la tristeza toque su corazón, jamás deja que apague su esencia. Camina con la cabeza en alto, el corazón lleno de experiencias y una autoestima que acaricia el cielo. Porque la verdadera belleza no tiene fecha… solo una mujer que aprendió a amarse como nunca.
Deja un comentario