Desde muy pequeño, la vida le enseñó que no todos los caminos comienzan con flores. Mientras otros crecían rodeados de abrazos, él aprendió a guardar silencio y a seguir adelante, aun cuando el corazón le pesaba más que los pasos.
Los años le dejaron cicatrices invisibles. Hubo momentos en los que sintió que no pertenecía a ningún lugar y que el mundo avanzaba sin esperarlo. Aun así, nunca perdió por completo la esperanza de que un día todo sería diferente.
Con el tiempo encontró a una mujer que creyó en él cuando ni él mismo podía hacerlo. Formó un hogar y por un instante pensó que el pasado había quedado atrás. Pero las heridas que nunca sanan suelen regresar disfrazadas de malas decisiones. Se dejó vencer por los caminos equivocados y terminó perdiendo mucho de lo que más amaba. Hubo noches en las que el cielo fue su único techo y la soledad su única compañía.

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